Este miércoles 18, Miércoles de Cenizas, comienza la cuaresma del presente año y desde el Obispado de Reconquista compartieron el mensaje del obispo diocesano, Mons. Dr. Ángel José Macín, para ir disponiéndonos para este tiempo tan importante para nuestra vida y nuestra fe.

 

ALIMENTAR UNA ESPIRITUALIDAD PASCUAL

 

Queridos hermanas y hermanos:

 

Con la memoria reciente de la experiencia vivida en el Jubileo de la Esperanza, y con la orientación de las nuevas líneas pastorales, nos disponemos a iniciar el tiempo de cuaresma y la celebración de la Pascua. Es el tiempo más intenso del año porque renovamos nuestra fe en Cristo, muerto y resucitado. Basta recordar las palabras del apóstol Pablo, para reafirmar la centralidad de esta celebración: “Si no creemos que Cristo resucitó, vana es nuestra fe” (1 Cor 15,14). La pascua de Jesús, motivo de nuestra alegría, es garantía de nuestra salvación e impulso de nuestra misión.

 

En el camino diocesano que venimos recorriendo, y en el marco de la propuesta sinodal de toda la Iglesia, el Espíritu Santo nos iluminó con cuatro líneas Pastorales, que orientan  nuestro camino personal y diocesano en los próximos tiempos. La tercera de ellas, “Alimentar una espiritualidad pascual”, es principio y fundamento, es la clave de lectura y aplicación de las líneas pastorales. Si vivimos la experiencia del resucitado, entonces como discípulos tenemos que formarnos, caminar juntos y salir al encuentro de los otros. Por eso, les propongo profundizar en esta cuestión central: de la pascua brota nuestra identidad como Pueblo Santo de Dios.

 

Leemos en el Documento Final del Sínodo: “El bautismo es el fundamento de la vida cristiana, porque introduce a todos al don más grande: ser hijos de Dios” (DFS 21), en tanto que “el sacramento de la confirmación enriquece la vida de los creyentes con una particular efusión del Espíritu con miras al testimonio” (DFS 25). La celebración de la Eucaristía, especialmente el domingo, es la primera y fundamental forma en la que el Pueblo Santo de Dios se encuentra y hace memoria viva de la Pascua de Cristo (cf. DFS 26). Así, Dios nos sumerge en la Pascua de su Hijo, por medio de estos sacramentos que configuran nuestra condición de discípulos misioneros. Conviene aquí vincular el verbo “alimentar”, de la formulación de la tercera línea pastoral con el banquete eucarístico, memorial de la Pascua.

 

Como invitación general para vivir esta cuaresma, les propongo seguir y renovar en nosotros está dinámica sacramental, con todo lo que ella implica. Durante la cuaresma detenernos más en el bautismo. En el tiempo pascual, en la Eucaristía y la Confirmación, vinculada a Pentecostés, plenitud de la Pascua, para afirmarnos en el itinerario que nos señalan las demás líneas pastoral.

 

Algunas sugerencias concretas

 

Inspirándome en el ritual del catecumenado para adultos, les sugiero retomar algunos signos que nos vayan disponiendo a la renovación del bautismo en la pascua. Allí encontramos un camino para hacer memoria de lo más grande que hemos recibido. Desde esta propuesta, inspirada en la primera iglesia, los invito a ser creativos, laicos y sacerdotes, buscando formas para que cada fiel pueda reconocer el don recibido. Por ejemplo, pedir a la gente que busque la foto de su bautismo, o el testimonio de quienes nos acompañaron ese día, visitar la iglesia donde fuimos bautizados o visitar a nuestros padrinos. Estoy seguro que estas simples sugerencias harán germinar en su imaginación muchas otras cosas que se pueden hacer en cada parroquia, en movimientos y asociaciones, durante la cuaresma.

 

La Eucaristía y la Confirmación pienso que pueden ponerse de relieve en el tiempo pascual. Las primeras semanas se lee en la liturgia el discurso del pan de vida de Jn 6. No sería impensable organizar algunas catequesis sobre la eucaristía, o trabajar estas cosas con los chicos que se preparan a la primera comunión. La confirmación, en tanto, la dejaría para el final del tiempo pascual, en los días cercanos a Pentecostés, donde podrían tener especial protagonismo quienes están haciendo el camino para ser confirmados. También se podría retomar, durante el año, la carta “Dies Domini”, de San Juan Pablo segundo, sobre la importancia de la misa dominical, como Pascua de la semana.

 

Estas sugerencias las hago a modo de orientación, dejando a consideración y a las posibilidades de cada comunidad hacerlas y como hacerlas. La intención de fondo es optimizar el vínculo de la pastoral con la liturgia y comenzar a descubrir la interrelación entre las líneas pastorales. Además, estoy seguro que de las mismas comunidades pueden salir propuestas valiosas e inculturadas a cada comunidad, utilizando símbolos como el agua bendita, la luz y otros tantos de la piedad popular.

 

Práctica de la misericordia

 

Todo estos acentos catequéticos y litúrgicos debieran ir acompañados por una atenta y discreta vivencia de la misericordia con los más necesitados. Hay eventos organizados ya desde hace tiempo en la Diócesis, como la colecta del uno por ciento. Esta colecta tiene un profundo sentido cuaresmal. Consiste en privarnos de alguna cosa superflua, o aún necesaria, para destinarla a los pobres.

 

Con claridad el Papa León nos decía que la opción por los pobres en la Iglesia es permanente, porque fue la opción de Jesucristo (DT 16ss). La caridad nos permite contemplar el rostro sufriente de Cristo en el enfermo, anciano, deprimido, desesperado, hambriento, preso, cautivo de adicciones al alcohol, las drogas, el juego…

 

Todo esto con una actitud de alegría, auténtica, pero no forzada. Una alegría que nos sorprenda por un renovado encuentro con Cristo, y con los hermanos. Una alegría verdadera, permanente, que nos alcanza cuando nos envuelve el misterio de la Pascua.

 

Que por la intercesión de San Francisco de Asís, de quien celebramos el octavo centenario de su muerte, y de María Santísima, podamos vivir una santa cuaresma, para llegar bien dispuestos a la siempre nueva y renovadora solemnidad de la Pascua.

 

Sede Episcopal de Reconquista, 18 de febrero de 2026, Miércoles de Cenizas.

 

+ Mons. Ángel José Macín

 

Obispo de Reconquista