El campeón vive su hora más gloriosa. El mundo del boxeo se rinde a sus pies. El santafesino es uno de los mejores deportistas del año.

 

Fue una noche en la que cataratas de adrenalina empaparon a los 11.312 presentes en el Alamodome de San Antonio, Texas, donde el santafesino Marcos René Maidana (35-3, 31 ko y 66,314 kilos) le GPP 12 (unánime) al estadounidense Adrien Broner (27-1, 22 ko y 65,589) quien, de este modo, resignó su invicto y su corona welter AMB tras la paliza que le propinó –y la lección de boxeo y coraje que le brindó– el oriundo de Margarita.

 

Tras derribarlo dos veces, y tenerlo al borde del nocaut otras tantas, el Chino cumplió una actuación histórica y, en la mejor pelea de su trayectoria, se recibió de auténtico consagrado. Con boxeo y corazón, apabulló a un Broner al que poco le sirvieron su histrionismo y fanfarronería ante el poder de fuego de los puños del santafesino.

 

Maidana aplastó a quien lo había subestimado, insultado y denigrado y, como bien había adelantado en la previa, el show de Broner se terminó sobre el ring. Así, entre las 16 cuerdas, el que habló con sus puños fue el Chino, quien molió a palos al moreno ante el delirio del público –que deseaba que alguien le diera una buena lección al bocón, y vaya que la recibió– que celebró la conquista de una nueva corona, y en una categoría diferente, por parte del nacido en Margarita hace 30 años.

 

La brillante labor de Maidana se vio reflejada en las tarjetas de los jueces, quienes fallaron 115-110 (el sudafricano Stanley Christoudoulou), 116-109 (el puertorriqueño Nelson Vázquez) y 117-109 (el estadounidense Levi Martínez).

 

Un trabajo superlativo

 

Adrien Broner había llegado a puro rap, pensando en que entraba al escenario en el que brindaría un concierto pero, el único recital que hubo anteanoche en el Alamodome, fue el que brindó Maidana en una velada inolvidable para el boxeo argentino.

 

El primer round fue electrizante. Desde el vamos, el Chino lanzó un vendaval de toda clase de golpes sobre un Broner que sobrevivió a muy duras penas el arrasador ataque desatado por el santafesino. Maidana se lo llevó por delante al campeón y, con su potencia devastadora, le hizo saber al oriundo de Cincinnati, Ohio, que no la iba a pasar nada bien.

 

Dicho y hecho: en el segundo, Broner recibió una muy dura izquierda en el rostro y, tras caer, quedó colgado de las cuerdas. Se incorporó como pudo y, sentido, levantó este primer match point apelando a los amarres y otras infracciones para que el Chino no lo rematara.

 

Luego de semejante despliegue, Maidana redujo la intensidad de su labor en los tres asaltos siguientes, lo que posibilitó que Broner se llevara el quinto round –sin evidenciar una clara superioridad– y, a partir del sexto, el santafesino recuperó decididamente la iniciativa.

 

En base al brillante plan de pelea diagramado por su entrenador, el estadounidense Robert García, el Chino nunca se desesperó ni trató de jugarse su destino a suerte o verdad con una sola mano, como todo noqueador que se precie de tal. Supo ser paciente y fue demoliendo metódicamente a Broner quien, por primera vez, chocó con un rival al que jamás pudo detener.

 

En el octavo Maidana derribó nuevamente a Broner con otra izquierda y, el aroma de nocaut, inundó el estadio. Pero, tras el pase, se produjo una situación muy polémica, cuando Broner, quien tenía amarrado al Chino con ambos brazos, apoyó su mentón sobre la cabeza del santafesino y, éste, al tratar de liberarse, fue con su cabeza para adelante y arriba, por lo que el moreno, en una actitud de mal perdedor, acusó un falso cabezazo y se desplomó.

 

Un helado tentáculo de intranquilidad envolvió a todos los argentinos por el temor de que el árbitro, el local Laurence Cole –de pésima y parcializada labor, ya que le permitió a Broner empujar, palanquear, agarrar y presionar con los codos y antebrazos en el cuello del Chino– descalificara la retador. Pero sólo le descontó un punto, ante el abucheo generalizado por la victimización del moreno, que sólo buscaba ganar tiempo –y aire– para tratar de soportar la tormenta perfecta de golpes que estaba atravesando.

 

Es más, en el noveno, el Chino lo castigó duramente y lo tuvo otra vez al borde del nocaut. A partir de allí y hasta el final, se intercambiaron el dominio –con predominio del santafesino, cansado tras lanzar tantos envíos – y que derivó en la lectura del fallo y la consagración de Maidana como nuevo rey de las 147 libras o 66,678 kilos. El Problema, como apodan a Broner, había sido resuelto y, el trono, tiene un nuevo dueño.

 

Así concluyó una noche soñada, única e irrepetible, donde Maidana brilló ante un primera serie y al que muchos sindicaban como el sucesor del extraordinario Floyd Mayweather, Jr. Pero el Chino lo devolvió sin escalas a la realidad y, en base a una paliza que recordará mucho tiempo, le hizo ver que sólo es una mala copia del actual número 1 libra por libra.

 

El Chino fue siempre al frente y con el corazón en la mano pero, a la vez, con la cabeza helada. Dio cátedra de bravura y de cómo se va en búsqueda de un título mundial. Con trabajo, disciplina, entrenamiento duro y, además, con los pies sobre la tierra y objetivos bien claros.

 

El guerrero santafesino escribió una página dorada en la historia del boxeo nacional y, sin dudas, con el paso del tiempo –ese juez inexorable que alcanza a todo y todos–, su triunfazo a domicilio y ante el gran favorito se agigantará hasta alcanzar el nivel de leyenda.

 

Como la de Carlos Monzón –el más grande de todos– quien, desde el cielo, festejó la conquista del Chino y recordó cuando aplastó a Benvenuti y dio el paso inicial en el camino de grandeza de los campeones de la provincia de Santa Fe.

 

El mismo que ahora transita otro hijo de esta tierra que, con absoluta justicia, ya se ganó su lugar en la historia, la que seguirá escribiendo en todos los rings del mundo. ¡Salud, Chino, enorme campeón!

 

Fuente: Diario UNO